Lecciones de Guatemala para la búsqueda de las personas desaparecidas

experiencia de búsqueda Guatemala - UBPD

[vc_row][vc_column][vc_column_text]La Fundación de Antropología Forense de ese país ha logrado identificar 3.800 personas, tras un conflicto de 36 años. Fredy Peccerelli, su director ejecutivo, asegura que para lograr avances en el proceso es necesario generar lazos de confianza entre los familiares.

El director de la fundación de Antropología Forense de Guatemala, Fredy Peccerelli, asegura que para la búsqueda de las personas dadas por desaparecidas se “requiere un esfuerzo multidisciplinario, muchas herramientas y la confianza y el entendimiento de los familiares”. Por eso, si bien es antropólogo de profesión y tiene estudios de maestría en antropología biológica y forense, prefiere describirse como una persona que utiliza herramientas técnicas y científicas con información documental y testimonial para lograr la identificación de las personas desaparecidas.

Desde hace 21 años, la Fundación que lidera se ha convertido en un referente mundial en ese campo. Además de Guatemala, que padeció un conflicto de 36 años, entre 1960 y 1996, hoy tiene proyectos en Sri Lanka, México y El Salvador. Son alrededor de 90 personas, entre antropólogos, médicos, arqueólogos, criminalistas, abogados y genetistas para dar respuesta a los familiares de las personas cuyo paradero es desconocido. En su país han logrado 3.800 cuerpos. Estas son sus lecciones para Colombia.

¿Cuál es la magnitud de la desaparición en Guatemala?

El número es de 200.000 víctimas, de las cuales 160.000 fueron muertas en masacres y alrededor de 40.000 son los desaparecidos. Lo que nosotros en la Fundación de Antropología Forense tenemos es un listado de 6.041 personas que han sido denunciados a nosotros y que activamente estamos buscando a través de este sistema multidisciplinario.

¿Qué resultados ha obtenido la Fundación en el proceso de búsqueda?

Hemos logrado la exhumación de más de 8.000 cuerpos y la identificación de alrededor de 3.800 de esos cuerpos y seguimos trabajando. Es decir, todos los días hay nuevas identificaciones y los casos son casos son bastantes complejos. Casi todos los que son fáciles se resuelven al inicio y lo más difícil va quedando. Entonces uno tiene que adaptarse y crear nuevas herramientas.

¿Qué aciertos tuvieron para lograr la identificación de las 3.800 personas?

Puede decirse que desde el principio nunca estuvimos solos. Estuvimos junto y a la par con los familiares. La confianza que se ha creado con ellos es lo que ha llevado a esas identificaciones. Nosotros cargamos el peso y la responsabilidad de responderles a ellos, quienes nos dan una confianza y una aceptación; no solo la información de su ser querido o de sus familias, sino que nos dan hasta parte de ellos, de su esencia, a través de su muestra de ADN. Uno a veces piensa que una muestra de ADN es fácil, pero no.

¿Por qué?

Muchas veces eso significa mucho para una familia. A veces las familias no tienen claro si quieren hacerlo o no, porque buscar a alguien desaparecido puede representar riesgos para la nueva generación. Son decisiones muy difíciles, entonces que te den la confianza con ese nivel de información es algo precioso y que hay que cuidar mucho. El éxito de nosotros radica en la confianza de las familias y no siendo celosos de ninguna profesión.

Nosotros medimos el éxito a través de las identificaciones, entonces cualquier herramienta disponible para las identificaciones es lo que vamos a usar. Si es análisis de isotopos estables o si es genética, si es antropología, si es con perros… Finamente no importa. Lo que importa es tener los cuerpos de los desaparecidos y las familias con quienes podamos hacer las comparaciones. Hemos logrado adaptarnos a las necesidades de las familias y hemos sido consistentes, entendiendo que esto es un proceso a largo plazo, porque no es algo que se acabe en uno, tres o cinco años.

Según Naciones Unidas, un proceso de justicia transicional puede tomar en promedio 40 años. Es importante que esto se enmarca dentro de esos procesos y que la identificación humana no tiene fin: inicia cuando empezamos a buscar la persona, se acaba cuando la encontremos.

¿Cómo incentivar que los familiares den su muestra biológica sin que se dé a entender que sus seres queridos están privados de la vida?

Es bien difícil. Los familiares en Guatemala siempre han buscado entre los vivos y los muertos, desde el primer día de su desaparición. Yo no les puedo decir si están vivos o muertos. Lo que les podemos decir es que si tenemos ese perfil genético, podremos comparar entre las fosas y si está ahí, lo puedo identificar. Si no, puedo seguir buscando en otros lados. La prueba también me sirve para excluir de los muertos.

¿Y cómo evitar que se generen falsas expectativas?

Realmente las personas tienen mucho tiempo de vivir con esto. Lo que ellas tienen es esperanza. No son personas frágiles, son sobrevivientes, que han vivido muchas cosas más que nosotros. No hay que ser paternalistas, hay que tener cuidado con eso. Hay que explicarles las cosas como son. Hay que decírselas así: existe una pequeña posibilidad de que podamos encontrar a su familiar, pero si no da la muestra, no existe ninguna posibilidad. Es una decisión que la familia tiene que tomar. Una decisión informada. Ellos mismos pueden tomar las decisiones. Creo que una de las sugerencias que se pueden tener en cuenta es informar a las familias, que sean transparentes y les den información y datos reales.

¿Cómo lo han hecho ustedes en Guatemala?

Una vez alguien nos da su muestra biológica para extraer el perfil genético y ese perfil sea ingresado en la base de datos, les damos una certificación de que su perfil genético está en la base de datos. Además, les damos su perfil genético en una hoja. Se los damos a ellos para que sepan que es en serio, que ahí hay un trato, de que no es de una vía, sino que es de dos. Les aclaramos que el proceso no termina: que, por ejemplo, si hay nueva información se pueden acercar.

¿Cómo fue su experiencia de búsqueda en medio de dinámicas de violencia?

El tema de un conflicto latente es muy difícil. La regla de cualquier salvavidas es que no hay que arriesgar dos vidas para salvar una. Es importante a veces entender que no somos héroes, que no estamos acá para salvar a nadie y que no hay que arriesgar las vidas por buscar una fosa. A pesar de eso, sí tenemos responsabilidades. Hay que buscar maneras de mitigar esos riesgos.

¿Cómo cuáles?

Quizás no podemos ir aquí, pero podemos ir allá. Tal vez hay que esperar a que las cosas bajen en este sector, pero allá sí podemos trabajar. Yo creo que en Colombia hay tanto trabajo que no tenemos que a la fuerza tenemos que estar en un lugar determinado que ahora es muy conflictivo y en sí poner en riesgo a las familias. Podemos esperar un poco, por ejemplo. O también podemos implementar metodologías de seguridad: hacernos acompañar de un miembro de Fuerza Pública (aunque no es el mejor de los casos); que las personas no viajen solas, no lo hagan de noche, se reporten cuando llegan al lugar, que haya cadenas de llamadas para asegurarse de que todo está bien.

Hablábamos inicialmente de los aciertos. Ahora, ¿qué lecciones podemos aprender de ustedes?

Errores hemos cometidos muchísimos. Muchas veces son entre tener el apoyo del Estado y una institución fuerte que lo pueda hacer. El reto es gigantesco. Nosotros nunca hemos tenido ese apoyo: empezamos con cinco, después fuimos diez. Incluso el 100 % de nuestro financiamiento viene de fuentes internacionales. Ahorita no tenemos ningún apoyo del Estado de Guatemala. Allá no hay una comisión de búsqueda.

Por otro lado, nosotros comenzamos con arqueólogos y antropólogos. Fue después que involucramos y vimos la importancia de los investigadores y el relacionamiento con los familiares. Eso tiene que estar desde el inicio.

Además, como esto es un proceso multidisciplinario, tiene que tener muchos ojos y muchas revisiones. La responsabilidad no debe caer en una persona y en una institución, entonces es necesario utilizar los fuertes de otras entidades.

En el caso de ustedes, deben partir de que la gente les deposite su confianza. Eso se debe hacer con personas entregadas, preparadas y que tengan bien claro que es peligroso y las horas son largas. Es posible que la tarea nunca se acabe.

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