Encontrar a las personas desaparecidas: un pacto social y garantías de no repetición

Luz Marina Monzón C, Directora General, UBPD

Cuando la confianza, la protección, la tranquilidad y el respeto por nuestra humanidad están debilitados, o no podemos experimentarlos en nuestra vida diaria, los principios constitucionales de dignidad, libertad e igualdad se ven cada vez más amenazados, en riesgo y vulnerabilidad. Si esta situación se proyecta a un conjunto social, a una organización política como el Estado, la convivencia se vuelve cada vez más difícil e incluso imposible. Podría decirse que, una situación así excluye la posibilidad de tener un proyecto común que ate el conjunto social y lo identifique, movilizándolo hacia un propósito preciado.

Los conflictos armados debilitan o destruyen los proyectos sociales, invierten las reglas del juego de convivencia, generan zozobra, inseguridad, miedo, dolor, sufrimiento y desesperanza que, se expresa de distintas maneras por quienes hacen parte de tales contextos. La anomía[1] es lo que se experimenta. Las personas, las comunidades, el conjunto social se ve inmerso en situaciones donde pareciera que no hay normas sociales que protejan o, que si las hay se encuentran degradadas; un entorno donde prevalece un “trastorno del lenguaje que impide llamar a las cosas por su nombre”. La incertidumbre, la desorientación, la indefensión, y la ausencia de límites, donde es común escuchar “no hay nada que perder, porque todo lo he perdido”. En medio de esta situación también se expresan resistencias sustentadas en la dignidad, que van labrando caminos de salida.

Cuando una sociedad decide tomar acciones, recobrar su autonomía o por lo menos disputarla, en beneficio de un proyecto común que haga posible la convivencia, surge una determinación por construir esas normas ausentes, unos principios, unas reglas de juego donde podamos reconocernos y respetarnos desde la humanidad que compartimos. Revertir el estado de anomía por un pacto social en donde nos reconozcamos como seres humanos con derechos y libertades que, dejan de ser retóricos para convertirse en una vivencia diaria que genera confianza, tranquilidad, solidaridad y respeto. En este pacto social, el conjunto de la sociedad, asume deberes y responsabilidades diferenciadas, según los roles que se desarrollen en ese conjunto. Deberes y responsabilidades de contribución a la transformación, movilizados por el objetivo común que permita la convivencia.

Los acuerdos de paz son una manera en que las sociedades, que viven en conflictos armados deciden optar por un pacto social que cohesione una sociedad violentada, degradada, desprotegida, y también resistente y digna. En Colombia tomamos esa decisión en medio de un contexto que persiste violento, desconfiado, polarizado y lleno de obstáculos.

La UBPD tiene una tarea dentro del Acuerdo de Paz: encontrar las miles de personas dadas por desaparecidas durante más de cinco décadas de conflicto armado para aliviar el sufrimiento de sus familias. Sin embargo, ese alivio también lo vemos para la sociedad que ha soportado, en la mayoría de las veces sin consciencia, las consecuencias de las desapariciones de personas en su entorno. Las desapariciones arrebatan la confianza de estar en un lugar, la libertad de relacionarse con quienes deseen por el simple motivo de sentir empatía humana con el otro o la otra, la autonomía de habitar y hacer lo que se siente sin correr riesgos.

La atrocidad no puede seguir siendo parte de nuestra vida. El Derecho a Saber representa para la sociedad la posibilidad de comprender lo ocurrido para no repetir el pasado de atrocidad y para las familias que buscan a sus seres queridos, cesar la permanente incertidumbre.

Saber quiénes son las personas desaparecidas, dónde y cuándo fueron desaparecidas, a dónde fueron llevadas, en dónde se encuentran? quiénes son sus seres queridos? Nos permitirá reconocer, como sociedad que esas personas desaparecidas fueron parte de nuestra historia, así no los hubiéramos conocido.  Porque vivían en nuestro mismo barrio, estudiaron en nuestra misma escuela o colegio, o porque compartían sueños similares a los nuestros.

Saber que algunas de esas personas fueron privadas de su vida y hoy se encuentra en lugares que hemos habitado o visitado sin saber que allí estaban quienes son buscados por una familia, una persona, una comunidad.

Ese saber nos perimirá reconocernos en el dolor y también en la oportunidad que tenemos de transformar nuestros entornos, atándonos de nuevo y relacionándonos con aquellas personas con las que hemos creído que no teníamos nada que ver y que, sin embargo, ellas sí han tenido que ver con nosotras.

La UBPD hace parte del pacto social que debemos construir como una manera de hacer, ser y habitar esta sociedad y, por eso tiene por principio que la tarea que se le ha encomendado representa un proyecto que compromete a todas y todos, personas, comunidades, pueblos, instituciones, poderes y actores de distinto orden. Cada una y cada uno tiene responsabilidades y deberes según los roles que juega en la sociedad, para contribuir a las transformaciones de vida que requiere la constitución del pacto social en beneficio de todas y todos.

La UBPD se ve como parte de un sistema para encontrar a las personas desaparecidas donde el aprendizaje, las experiencias y los saberes son piezas fundamentales para encontrarlas y encontrarlos. El proceso de Círculo de Saberes desarrollado en 6 territorios, durante 10 meses, con 114 familiares que han buscado a sus seres queridos, apoyados por un equipo interdisciplinario (técnicos, comunicadores, artistas locales, pedagogos, entre otros), escuchó la experiencia y reconoció el saber y las formas de comunicar ese saber de las comunidades y colectivos. Este trabajo de escucha, reconocimiento, visibilización y socialización ha tenido adicionalmente el propósito de conectar, relacionar e identificar a la sociedad con esas personas que no han visto, pero que han estado a su lado.  Personas que han recorrido caminos, estrategias y diálogos que han dejado huellas de solidaridad y acompañamiento en el dolor y también en las alegrías de unas que son las de todas.

La invitación es a que asumamos que todos somos la UBPD para las garantías de no repetición.

[1] https://dle.rae.es/anomia

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