En el nombre de Deyanira y de todas las personas desaparecidas

Este domingo Colombia despertó entre las noticias de la insoportable pandemia y una celebración de los padres presentes. Pero entre las publicaciones cotidianas se destacaron las líneas de Daniel Samper, desde su voz individual pero reconocida, habló de esa dolencia adormecida por la indiferencia que sigue carcomiendo a nuestro país. La realidad de las personas desaparecidas y las y los líderes asesinados.

En su columna Samper evoca a Deyanira Guerrero, una de las tantas personas que un día salieron de su casa para no regresar. La representación de la estaca que nos impide avanzar para no repetir tanta crueldad. Ella, como todas personas desaparecidas, merecen más que el conteo de cifras, merecen dignidad y verdad, que se diluya el desinterés de sus compatriotas en una nueva convicción de país que busque transformar desde la reparación.

Vivir sin certeza y en una intolerable pausa es la vida de los seres queridos de las más de 120.000 personas desaparecidas por el conflicto armado. Esas familias y amigos que, sin pedirlo, sin quererlo, sin haberlo imaginado, hoy llevan consigo el título de buscadoras y buscadores. Ellas y ellos personifican el incansable anhelo de encontrar a esas personas que el conflicto arrebató de sus hogares. Enfrentar este desafío es el camino para recuperar un derecho tan básico como el saber la verdad para reencontrarse con la continuidad de la vida, para soltar, para obtener justicia y no repetir. 

El dolor de la incertidumbre sopla con fuerza, permanece y nos impide avanzar. Transformar ese presente es la razón de ser de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas y del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (SIVJRNR). Ahí, en ese complejo título, está nuestra piedra angular, lo primordial para recuperar los derechos y dignidad de las víctimas es la verdad. 

A Daniel Samper, mi reconocimiento por sus palabras, por generar ese atisbo de consideración generalizada. A la ciudadanía, un llamado a reconocer a las víctimas, a ser conscientes y a construir desde su lugar. A la familia de Deyanira y a las cientos de miles de personas buscadoras, no paramos y no vamos a parar. En su nombre y en el de todas las personas que hoy no sabemos dónde están por causa del conflicto, seguiremos buscando la verdad, por ríos y trochas, alimentados con toda la fuerza que nace del deseo de construir una Colombia diferente.

Luz Marina Monzón, directora de la UBPD.

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